La magia de la publicidad

Soy estudiante de periodismo y tengo que tragarme una asignatura de publicidad. No se trata de una revisión de lo que supone la publicidad en la sociedad o algo de interés común, una aportación de cultura. No. Se basa en enseñarnos a hacer publicidad. Más concretamente nos obligan a crear un nuevo producto y hacer su propia campaña.

Os preguntaréis lo mismo que yo: ¿qué narices tiene eso que ver con el periodismo? Por ahora lo más acertado que se me ha ocurrido es que se trata de una formación en cara a un futuro en que ya no solo tengamos que incorporar la publicidad en los medios, sino que tengamos que crearla. Alabada sea esta profesión la que nos venden. Y es que cuando los periódicos están compuestos en un 40% por publicidad, existe una estrecha relación entre el periodismo y ese negocio, o eso quieren.

En los medios siempre nos recuerdan el problema de selección de contenidos, que si no se habla de algo es porque o bien no tiene valor para la audiencia o bien no hay espacio para todo… ¿Cómo va haber espacio para informar si la mitad de un periódico es publicidad y la mitad de un telediario el fútbol? Sin contar el tipo de desinformación que se selecciona. Quizás se escuden diciendo que tienen que subsistir, que hay que ganar dinero para poder seguir creando noticias… Pero es simple avaricia y manipulación, sino ya me diréis cómo es que el grupo Prisa, propietario de El País, ganó 1940 millones de euros en 2007 (con lo que han ido subiendo los precios podéis extrapolar a lo que ganará ahora).  Este es solo un ejemplo, pues lo mismo con todos los grupos de todos los medios, cuyos verdaderos propietarios o accionistas poco y nada tienen que ver con la comunicación. ¿Cómo te van a informar si sus principales accionistas son empresas o bancos? Qué lucrativa que es la información eh…

Pero bueno, que me salgo del tema, que yo venía aquí hoy a hablar mal de la publicidad. Herramienta a veces necesaria, pero en su mayoría un taladra-cerebros total. Un publicista te dirá “ninguna compra es racional”. Obviamente eso es lo que interesa a las empresas, que compres y no pienses, no vaya a ser que empieces a leer los ingredientes y entender qué son y de dónde salen. No vaya a ser que descubras que hay sistemas de tecnología libres y gratuitos, no apoyadas por multinacionales controladoras. Tú pilla lo que veas por la tele y punto.

En definitiva, el objetivo final de la gran publicidad es hacerte un zombie, no pienses, solo fíjate lo feliz que se ve la gente bebiendo coca-cola, aunque esté anunciada dentro de un hospital y en uno de los países con mayor obesidad infantil. Es que esa es la magia de la publicidad y las grandes empresas, que son solo negocios, nada personal…

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