La casa siempre gana

18194346560_7227216dea_oFotografía de Flickr: Amigos de la Tierra

Estamos en época de campaña electoral y se nota. Se nota por suerte y por desgracia con el TTIP (Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión), un tratado de “comercio” entre Estados Unidos y Europa. Acuerdo controvertido por incontables motivos, del que aprovechan algunos partidos para hacerse voz en su contra y otros para esquivar las preguntas, sin dar apenas argumentos.

En el panorama nacional tenemos a Amigos de la Tierra, Equo, Por un Mundo Más Justo, Podemos, Bildu, Movemente Galego ao Socialismo, AGE o Izquierda Unida que están hablando abiertamente sobre este tratado. “Ahora todo queda supeditado al libre comercio. El TTIP es un golpe más en este sentido. Nosotros, los ciudadanos, estamos renunciando a nuestra capacidad de acción política en beneficio de las grandes corporaciones”, argumentó Uralde, fundador de Equo.

Mientras tanto, PP-SOE y Ciudadanos se lavan las manos e intentan evitar esa parte en su discurso. Asienten con los ojos cerrados a lo dictado por la Unión. Tan solo critican, muy levemente, la falta de transparencia. Lo indefendible.

Y por último, la ciudadanía. Los principales partidos y medios apenas se proyectan al respecto, por lo que no todo el mundo sabe si quiera qué es el TTIP. Mientras que en Alemania están manifestándose activamente, aquí ha habido unas pocas protestas, aunque cada vez más mesas redondas para informar y discutir sobre el tema.

Entonces, ¿por qué hay tantos partidos en contra del TTIP y por qué los principales prefieren no hablar de ello?

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Fotografía de Prensa de IU | Javier Couso, eurodiputado de IU | “El TTIP es el último clavo en ese ataúd neoliberal en el que el mercado entierra a la democracia”

Como ya hemos señalado hay múltiples razones, pero una de ellas, de la que podrían derivar el resto es porque el TTIP se trata, ni más ni menos, de un golpe de Estado por parte de las multinacionales. Razón por la que muchos se refieren al tratado como un caballo de Troya. Amparado tanto por la Unión Europea como por Estados Unidos, que ejercen fuertes presiones hacia los distintos Estados. Dado que ya no vemos raro cómo los principales partidos políticos suelen agachar la cabeza ante los jefes, es de suponer que esa es la razón por la que intentan no meterse mucho en el tema.

Aunque oficialmente llevan preparando el TTIP desde tan solo dos años, podríamos seguir la pista de estas negociaciones a partir de 1995. El origen más inmediato del TTIP se sitúa un informe elaborado, en febrero de 2013, por el Grupo de Trabajo de Alto Nivel sobre Empleo y Crecimiento UE-Estados Unidos.

Sin embargo, sería necesario remontarse a la fundación del TABD (Diálogo Empresarial Transatlántico) en 1995. El TABD sumió la tarea de desarrollar un acuerdo de libre comercio e inversión, que situaría los intereses de las multinacionales por encima de la soberanía, de la ley y de los ciudadanos. Sus objetivos eran los mismo que los del TTIP: la “armonización” y la “integración” de las economías europea y estadounidense.

Para conseguir este ya antiguo objetivo, necesitan brindar ciertas herramientas a las multinacionales. La primera sería proporcionarles un blindaje judicial con la cláusula ISDS (o ICS) y la segunda se basaría en habilitar la entrada al mercado de forma igualitaria a ciertas compañías, siendo las de la agroindustria las más interesadas en actuar.

 Superioridad legal

La mejor forma que tienen de controlar a su antojo a los Estados es ofreciendo a las empresas la inclusión de la cláusula ISDS (recientemente rebautizada como ICS) en el TTIP. Gracias a ella, las multinacionales contarán con un mecanismo de tribunales de arbitraje que les posibilitará denunciar a los países en caso de expropiación, directa o indirecta. Con expropiación indirecta se refieren a “expectativa de lucro cesante”, lo que puede suponer casi cualquier motivo.

Esta cláusula nació ya en 1959, en el primer acuerdo bilateral, de la mano de Alemania y Pakistán. Alemania lo incluyó en su día debido a la desconfianza que guardaban al sistema judicial de ese país oriental. Sin embargo, esto en el mundo de los negocios no tiene mucho sentido. Tal y como apuntó Gonzálo Rodríguez, profesor de Economía de la USC, “los que invirtieron en las preferentes tienen capacidad suficiente para interpretar esas inversiones. Pero las empresas multinacionales no tienen capacidad ni madurez suficiente para juzgar las inversiones que hacen en este tipo de países”. Es desconcertante.

Junto con estas incongruencias, nos enfrentamos a la posibilidad de que un puñado de empresas multinacionales tengan más derechos que cualquiera y más voz que el Estado. Pues las empresas que no tengan sucursales en otro país no tendrán posibilidad de acceder a estos tribunales, así que todas las PYMES se verán en una posición de inferioridad aún mayor.

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Fotografía de Wikipedia | Paul Krugman: “Este no es un acuerdo de comercio. Es sobre propiedad intelectual y negociación de disputas; los mayores beneficiarios son probablemente las compañías farmacéuticas y las empresas que quieren denunciar a los gobiernos”

Desde la aprobación de ese mecanismo, no veremos más gobernante que a las transnacionales, que serán capaces de denunciar cualquier decisión tomada por los Estados. Canadá es un buen ejemplo de ello. Un país que recibió ya 35 demandas de este tipo bajo el acuerdo comercial que mantiene junto con Estados Unidos y México (NAFTA).Una de ellas es representativa en este caso. Y es que Canadá tuvo que pagar 250 millones de dólares a la empresa Lone Pine Resources Inc. por querer prohibir el uso del fracking. Más los gastos del juicio, que en este caso se andan en una media de 8 millones de dólares. El número de estos procedimientos se ha multiplicado en los últimos 20 años. Hasta 1996 se registraron denuncias de 38 casos en todo el mundo, pero el número se disparó hasta 514 casos a finales de 2012.

Tal y como advierte Javier Arregui, profesor de Ciencias Políticas y Sociales en Pompeu Fabra, si finalmente se aprobara el TTIP, este proceso se podría agudizar. “Hoy en día existen 14.400 empresas con sede en Estados Unidos, con más de 50.800 filiales en la UE; mientras que hay alrededor de 3.300 empresas de la UE con más de 24.200 filiales en Estados Unidos.” Así, todas y cada unas de estas 75.000 empresas registradas podrían reclamar contra el Estado en el que operan de acuerdo a lo planteado en el TTIP.

Uno de los intentos del Gobierno por hacer ver el ISDS como algo beneficioso fue la publicación de un documento del Ministerio de Economía y Competetividad al respecto del tratado. En él incluso nos señalan algunas de las empresas españolas que se han beneficiado de este sistema. Las alumbradas son Repsol, Telefónica, Gas Natural, Aguas de Barcelona, Iberdrola, Abengoa. Recordemos que aún siendo empresas nacionales, si cuentan con filiales en otras países siguen pudiendo denunciar a España.

¿Quiénes están interesados?

La forma de convencernos para que aceptemos el TTIP se basa en un par de estudios que la Unión Europa blande constantemente y que dicen que gracias a él veremos un crecimiento económico y del empleo. Un crecimiento de alrededor del 0,48%, es decir, bastante limitado. Sin embargo, otros tantos estudios muestran supuestos “más realistas” y con resultados menos alentadores. Europa sufriría una pérdida de exportaciones, así como del PIB y de empleos.

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Fotografía de Twitter: |José Ramón Mariño, economista, ATTAC | “Al TTIP solo le interesa blindar el negocio de las élites y las empresas transnacionales

Por otro lado, en caso de admitirse ese supuesto crecimiento, ¿quiénes serían los beneficiarios? La mayoría de informes admiten que el 80% de los beneficios solo se lograrían a costa de la armonización de regulaciones, así como gracias a la liberalización de servicios. La disminución de aranceles, es decir, la parte económica del tratado no tendría mucho que ver.

Como apunta Arregui, todo esto dicho de otro modo significa que “serían las grandes empresas de algunos sectores las mayores beneficiarias del acuerdo, más que las familias o los ciudadanos.” En el caso de Estados Unidos serían los sectores agroalimentario y del transporte, y en el europeo las industrias del automóvil y del transporte aéreo y marítimo.

Así, los aranceles no son más que una excusa en su mayor parte. Tenemos aranceles más baratos dentro de la Unión que con Estados Unidos, salvando ciertas excepciones como la ropa o la agricultura. En este último sí encontramos un profundo significado, pues la eliminación de estos aranceles podría repercutir fuertemente a nuestra industria.

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Fotograma de “TTIP: el campo cerrado por defunción”

De hecho, sabemos que los lobbies y multinacionales han estado presentes en el 83% de las reuniones en las que se ha estado negociando el TTIP. Y dentro de todas esas empresas, la gran mayoría representan al sector agroalimentario.

Tenemos algunos datos sobre las empresas nacionales que se han involucrado oficialmente en las negociaciones del TTIP.  No debería extrañarnos ninguna de ellas, ya que  tan solo pueden salir ganando en este acuerdo.

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Fuente: Corporate Europe Observatory

Otras han mostrado su apoyo bien con declaraciones en encuentros  o con estudios propios alabando sus virtudes. Algunas de estas empresas más discretas son Caixa, Mapfre, Ficosa, Dow Chemical Ibéria, Iberdrola o Repsol.

La agroindustria

Existen crecientes preocupaciones con respecto a la inclusión de la agricultura americana en nuestros territorios, pues contamos con tremendas diferencias:

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Elaboración propia

Como vemos las diferencias entre las granjas europeas y estadounidenses son gigantescas. Para hacernos una idea de cómo sería para España competir a ese mismo nivel partiremos de la SAU (Superficie Agraria Útil).

España tiene una SAU de 24,8 millones, si le aplicáramos el mismo ratio de hectáreas por granja que en Estados Unidos nos encontraríamos con que nuestro país debería tener 130 000 explotaciones. Afortunadamente, el número actual es de 1 millón de explotaciones.

A pesar de ello, economistas como Fernando del Río, profesor de Economía de la USC, considera el TTIP como una oportunidad de crecimiento económico, viendo al sector agrícola europeo con totales posibilidades para competir en el nuevo mercado liberal. Aunque “cualquier cosa puede pasar” debido a la intervención política tan común en este sector.

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Fotografía de Martínez Bueso |Lola Sánchez, eurodiputada de Podemos | “Con el TTIP nuestros agricultores no podrán competir con los monstruos agroalimentarios”

Otros, como Gonzalo Rodríguez afirman tajantemente que nuestra agricultura no tendrá posibilidad alguna de sobrevivir, “simplemente por la extensión de las explotaciones estadounidenses. Allí las granjas están además mucho más subvencionadas”. Volvemos a toparnos con el componente político. Echando la vista atrás hacia México en el contexto de NAFTA, podemos tener una idea un poco más ajustada sobre lo que podría suceder. Según un artículo de 2007 de la revista Journal of International Economics, de Scott L. Baier e Jeffrey H. Bergstrand, el comercio internacional entre los dos países se dobló y repercutió positivamente en la inversión externa directa.

Sin embargo, dos millones y medio de campesinos mexicanos fueron arruinados y tuvieron que emigrar a Estados Unidos tras la firma de NAFTA. Javier Guzmán, director de VSF Justicia Alimentaria Global, nos recuerda que México era un gran productor de maíz, capaz de abastecer a su población. La firma del acuerdo supuso la bajada de un 59% de la cotización del precio del maíz y “la entrada de millones de toneladas de maíz de baja calidad a bajo precio que expulsó y aniquiló a la producción autóctona de calidad cultivada por miles de campesinos mexicanos”.

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Fotograma de: “TTIP: campo cerrado por defunción”

Si seguimos este último razonamiento encontramos muchos más intereses por parte de Estados Unidos y de las agroindustrias en firmar el TTIP. Aunque sus motivaciones no son para nada secretas, y se basan, de nuevo, en la armonización reguladora.

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Fotograma de “TTIP: campo cerrado por defunción”

Dan Mullaney, el jefe de negociaciones en EE. UU. Del TTIP, anunció que sus objetivos son el acceso al mercado de productos de la industria y la agricultura y las normas que conllevan estos productos. “Tenemos el grupo sobre las regulaciones de los estándares enfocado en regulaciones técnicas, regulaciones sanitarias y fitosanitarias, principalmente en la seguridad alimentaria.”

Este interés se basa en las grandes diferencias que existen en este contexto entre Europa y Estados Unidos. A pesar de que la Unión haya prometido que no rebajará los estándares de seguridad, como vemos, se contradice a lo que sus socios plantean. Así, si escucháramos a Mullaney, esto podría implicar la entrada en la UE de productos transgénicos (se estima que el 70% de los productos que procesa EE. UU. los contienen). Nuevos químicos o prácticas como el lavado de pollos con cloro también podrían empezar a ponerse en práctica.

De hecho, parece que se estén tomando ya medidas preventivas ante la posible fusión de ciertas regulaciones. En la Eurocámara, el pasado 21 de noviembre se votó en contra de la posibilidad de que los Estados europeos puedan prohibir los transgénicos autorizados por la UE.

Este asunto no se trata solo de seguridad alimentaria, sino del control de la industria. Pues usar cultivos transgénicos significa tener que comprar obligatoriamente las semillas a una empresa. En este caso son solo tres las que controlan el mercado mundial de semillas: Monsanto, DuPont (ambas estadounidenses) y Syngenta (suiza) en el tercer puesto.

La opuesta industria cárnica

Por otro lado, las empresas estadounidenses representadas por el National Chicken Council y la National Turkey Federation, han hecho ya una gran presión para eliminar las regulaciones de la UE que prohíben la importación de aves tratadas con cloro. El lobby estadounidense avícola ha exigido la supresión de todas las barreras regulatorias a sus productos, para poder beneficiarse del mercado europeo.

Además, se está presionando para suprimir las prohibiciones de importaciones de carne tratada con hormonas y antibióticos. Entre estas sustancias se encuentra la ractopamina, hormona que estimula el crecimiento. Se usa en el 80% de las granjas estadounidenses y está prohibida en 160 países de todo el mundo, incluida toda la Unión Europea. Desde 1998, más de 1700 personas han sufrido envenenamiento por haber comido carne de cerdos alimentados con este producto.

Este tipo de prácticas perjudicarían a los pequeños ganaderos europeos, con normas mucho más restrictivas y un número de reses mucho menor. Sin embargo este es uno de los mayores intereses de Estados Unidos en las negociaciones. Por ello se teme que la UE ceda en alguno de estos puntos para poder llegar a una reciprocidad con Estados Unidos.

Conclusiones

Las negociaciones no solo se están realizando dentro de un marco casi por completo empresarial, sino que parece que sus objetivos sean para contentar a esos mismos lobbies. Es difícil ver cómo la integración de Europa en el sector agroindustrial pueda beneficiarnos, menos aún subiendo el número de empleos. Se trata de un sector altamente sensible a este acuerdo.

Por otro lado, es impensable que la cláusula que hace referencia a los tribunales de arbitraje nos sirva de ninguna ayuda a los ciudadanos. En este caso el Estado nunca puede ganar, solo puede perder. En el mejor de los casos, no tendremos que renunciar a nuestros derechos y decisiones a costa de una denuncia empresarial. Aunque con el panorama de deuda y crisis, no nos lo pintan especialmente bien.

La casa siempre gana, hasta que nosotros actuemos.

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Los nuevos tribunales de arbitraje serán tus gobernantes

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EFE

Hasta 250.000 personas recorrieron Berlín  en una intensa manifestación. Protestaban contra el acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y Europa, el TTIP, por sus siglas en inglés. Hacían eco a tres principales preocupaciones: la seguridad alimentaria, la protección de datos de los ciudadanos y el poder de los estados ante un mayor poder de las multinacionales.

No podía ser de otra forma, de hecho existen demasiadas pocas protestas, especialmente aquí en España, teniendo en cuenta el gravísimo asunto al que nos enfrentamos. Este no es un tratado de libre comercio cualquiera. De hecho, ni siquiera es un verdadero acuerdo comercial, sino regulatorio. Se trata de un perverso lobo con piel de oveja que quiere entrar por nuestras puertas y trastocar toda nuestra legislación, nuestros principios y nuestra soberanía. Y en este caso, el lobo sería las tantas multinacionales que se han sentado en las reuniones del acuerdo. Empresas y lobbies que han estado presentes en el 83% de estas puestas en común. Mientras que las plataformas sociales u ONGs solo han estado presentes en 20 de los 121 encuentros realizados hasta julio.

 La falta de transparencia     

Si este fuera un acuerdo de libre comercio se haría énfasis en los aranceles. Sin embargo esto no es más que una excusa, de hecho, los aranceles dentro de la Unión Europea (5.2%) son superiores a los que existen entre la UE y EEUU (3.5%). Siendo los más altos debidos a la agricultura u otros mercados y productos más específicos. Ciertamente la supresión de estos aranceles en el caso de la agricultura tendría un gran efecto, que no tendría por qué ser positivo, pero no es este el motivo por el que se negocia este acuerdo secreto. El objetivo se trata de proporcionar herramientas jurídicas a los inversores para eliminar cualquier obstáculo reglamentario.

Esto está siendo posible gracias a la falta de transparencia de estas negociaciones, pues son llevadas extremo secretismo. Hasta ahora solo les ha sido posible a algunos eurodiputados leer los apartados del acuerdo (y solo los escritos por la Comisión Europea), en una cámara cerrada en Bruselas. Sin móvil, lápiz, ni papel. Firmando, por supuesto, un acuerdo de confidencialidad de 14 páginas que les impide poder realizar ninguna declaración al respecto.

Existe gente convencida de que la razón de este procedimiento solo se justifica en el miedo al rechazo ciudadano. Como Gonzalo Rodríguez, profesor de economía de la USC, quien afirma que “los socios lo saben todo, no hay nada que ocultarles. Es más, existen algunos agentes, fuera de la negociación directa que conocen los textos.” Explica que los lobbies de las empresas multinacionales tienen acceso directo a los documentos. Los únicos que no lo sabemos con total certeza somos la ciudadanía, porque los términos serían intolerables para nosotros. No hay razones estratégicas que justifiquen este secretismo.

Las multinacionales como los nuevos legisladores

Por desgracia, por ahora solo tenemos disponible unos pocos documentos y resúmenes que dejan caer como gotas en mes de agosto. Uno de los más polémicos y por los que se protestaba en aquellas manifestaciones es la cláusula ISDS, rebautizada como ICS (Investment Protection and Investment Court System), que permite el uso de tribunales privados para la protección de los inversores.

Se trata de un mecanismo por el que las empresas multinacionales pueden denunciar a los Estados en caso de expropiación, directa o indirecta. Realizan algunos cambios necesarios, pero dejan claro la opción de denuncia debido a la expropiación indirecta, es decir, la “expectativa de lucro cesante”. Esto puede          significar casi cualquier cosa, de hecho hay muchos ejemplos significativos.

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Fotografía de Centre for Labour and Social Studies

John Hendy QC, importante abogado británico y presidente de ICTUR (El Centro Internacional para los Derechos Sindicales) explica porqué el remplazo de la cláusula ISDS por la de ICS, aún solucionando ciertas preocupaciones “falla totalmente a la hora de lidiar con la raíz del problema. El principal problema es el grotesco concepto de la protección del inversor”. Se trata de un derecho por encima de la ley de los Estados. Estas cortes tienen el poder de contradecir juicios de las cortes nacionales, así como de la Corte Europea de Derechos Humanos. Tan solo tendrán en cuenta los artículos incluidos en el TTIP, no la legislación de cada país, no la Constitución española.

Desde el primer acuerdo bilateral entre Alemania y Pakistán en 1959, cuando nació el ISDS (Arbitraje de Diferencias entre Inversor y Estado), han habido más de 600 tratados privados de arbitraje. Cada juicio le cuesta al Estado una media de 8 millones de dólares. Las indemnizaciones a pagar a las multinacionales pueden alcanzar la escalofriante cifra de los 1800 millones de dólares, como en el caso de Occidental Pretroleum contra Ecuador. Denuncia fructuosa para la empresa a raíz de que Quito se negara a permitir la perforación para buscar petróleo en una zona natural protegida. Imagínense lo que supone esa cifra para un país como Ecuador, ¿en qué posición queda después de tal atraco?

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De Wikimedia Commons, free media repository

Por supuesto, no todas las demandas de las multinacionales han resultado exitosas. De los 244 casos juzgados hasta finales de 2012, poco menos de la mitad culminó con la victoria de los Estados, un tercio con la de los inversores y en otro tercio se llegó a un acuerdo amistoso. Acuerdo que lógicamente muchos Estados aceptarán ante la dura posibilidad de tales indemnizaciones. Por supuesto en todos los casos hay que contar los gastos del juicio y se ha de tener presente que los árbitros de las instancias internacionales y los bufetes siempre se enriquecen, sea cual sea el resultado. Siendo además que sus honorarios oscilan entre los 350 y 700 euros la hora, estos juicios pueden resultar bastante jugosos para esta gente.

Dudas razonables

A la hora de defender este mecanismo, tal y como nos explica Javier Andrés González Vega, catedrático de Derecho Internacional Público, suponen que los tribunales internos existentes serían desconocedores de las reglas del Derecho internacional de las inversiones. Esa falta de especialización se trata de suplir con un Tribunal que reclutaría a sus jueces entre juristas expertos en materia de inversiones. Por otra parte, en la propuesta late la idea de que los Tribunales internos -integrados por funcionarios- adolecerían de parcialidad, favoreciendo en sus soluciones los intereses nacionales.

Esta última idea, la de la falta de parcialidad, probablemente sea la más repetida a la hora de defender este apartado. Es algo difícil de demostrar, aunque podemos encontramos con casos como el del recurso de la Administración Pública española ante los tribunales americanos por el expolio del galeón naufragado en Cádiz. Una empresa de Florida recuperó el tesoro en aguas territoriales españolas y la justicia americana dio la razón y devolvió el tesoro al Estado español, frente a los intereses de la empresa americana.

Este tipo de casos quizás puedan dar un mejor ejemplo de la teórica falta de imparcialidad que tienen nuestros jurados. Sin embargo, cabe plantearse primeramente si es necesario darle aún más protección a estas empresas. ¿Son necesarios los tribunales privados para la protección de inversores? Gonzalo Rodríguez lo tiene claro, la protección dada a las multinacionales tanto en Europa como en Estados Unidos. Para él es más que suficiente: “no está argumentado en este caso que los sistemas jurídicos de los estados tengan alguna tara o sesgo que perjudique en particular a las empresas internacionales”.

Fernando del Río, profesor de economía de la USC, piensa que se podría acordar el tratado sin esta cláusula, aunque también opina que podría llegar incluso a ser positivo tener ese tipo de mecanismo propio dependiendo de su diseño. Dada la falta de transparencia actual, no puede concluir mucho más.

Manuel Hernández Muñiz, profesor de economía de la universidad de Oviedo, apunta igualmente que ante las inevitables dudas existentes sobre la calidad de los sistemas judiciales, se trata de un intento de crear un marco más neutral para el razonamiento de los jueces, “de modo que queden libres de la presión de las opiniones públicas.” A pesar de ello, otras personas como Lennart Koch, Podemos siguen refiriéndose a este apartado como totalmente “antidemocrático”. Denuncia el secretismo de estos tribunales privados, dado que se realizan a puertas cerradas, en juicios donde la legislación que un país desee imponer se tire a la basura.

Fotografía de Ángel González
Fotografía de Ángel González

Susan George, presidenta del consejo del Transnational Institute de Ámsterdan, tampoco concibe argumentos en contra de los sistemas jurídicos europeos o estadounidenses. Resalta que no existe una reciprocidad en este mecanismo, es decir, los gobiernos no pueden demandar a las empresas extranjeras por daños. Un Estado no puede ganar, solo puede perder. Cabe también señalar que las empresas locales y pymes estarán siempre en desventaja, pues tampoco pueden acceder a este tipo de tribunales. Los Estados tampoco pueden favorecer a las empresas locales dentro de este acuerdo, deben verificar un tratamiento de igualdad entre ellas y las extranjeras.

Realiza un contrapunto a la imparcialidad de los Estados dando constancia del pago de los árbitros. Cobran caso por caso, por lo que tienen un incentivo extra para recomendar a sus clientes corporativos que presenten demandas si ven la posibilidad de un cuantioso acuerdo final. Por no decir que, según Olivet y Eberhardt, también miembros de Transnational Institute de Ámsterdan, varios árbitros prominentes han sido miembros de las juntas directivas de grandes empresas multinacionales. Sabiendo esto, ¿qué sistema nos parecerá el más parcial?

En búsqueda del control social

Por último, existen casos a los que habría que tomar especial atención debido a su profundo significado e intromisión en los asuntos internos de un país. Por ejemplo, durante la guerra civil de Libia, la empresa británica Freshfield Bruckhaus Deringer aconsejó a sus clientes iniciar juicios contra Trípoli, dado que la inestabilidad del país causaba problemas de seguridad perjudiciales para sus inversiones. Mientras, en Buenos Aires, cuando intentaba hacer frente a la crisis de 2001, fueron denunciados sistemáticamente ante los tribunales de arbitraje. Recibió unas 40 denuncias entre los años 1998 y 2002, de las cuales 10 terminaron en la victoria de las empresas, con una factura total de 430 millones de dólares.

Así, observamos cómo este tipo de cláusula puede frenar de un golpe cualquier aspiración social, medioambiental o económia de un Estado y de sus ciudadanos. Se trata de una salida para que las multinacionales puedan aprovecharse de los Estados en todos sus ámbitos. Esto resultará aún más sencillo si hablamos de países con bajos niveles económicos, a los que el mero juicio les supondrá ya un grave esfuerzo.

Es esta solo una de las numerosas razones por las que cada vez hay más movimientos ciudadanos en contra del TTIP. Solo de esta manera, con la información, podremos actuar en consecuencia y hacernos eco en este continente.

La magia de la publicidad

Soy estudiante de periodismo y tengo que tragarme una asignatura de publicidad. No se trata de una revisión de lo que supone la publicidad en la sociedad o algo de interés común, una aportación de cultura. No. Se basa en enseñarnos a hacer publicidad. Más concretamente nos obligan a crear un nuevo producto y hacer su propia campaña.

Os preguntaréis lo mismo que yo: ¿qué narices tiene eso que ver con el periodismo? Por ahora lo más acertado que se me ha ocurrido es que se trata de una formación en cara a un futuro en que ya no solo tengamos que incorporar la publicidad en los medios, sino que tengamos que crearla. Alabada sea esta profesión la que nos venden. Y es que cuando los periódicos están compuestos en un 40% por publicidad, existe una estrecha relación entre el periodismo y ese negocio, o eso quieren.

En los medios siempre nos recuerdan el problema de selección de contenidos, que si no se habla de algo es porque o bien no tiene valor para la audiencia o bien no hay espacio para todo… ¿Cómo va haber espacio para informar si la mitad de un periódico es publicidad y la mitad de un telediario el fútbol? Sin contar el tipo de desinformación que se selecciona. Quizás se escuden diciendo que tienen que subsistir, que hay que ganar dinero para poder seguir creando noticias… Pero es simple avaricia y manipulación, sino ya me diréis cómo es que el grupo Prisa, propietario de El País, ganó 1940 millones de euros en 2007 (con lo que han ido subiendo los precios podéis extrapolar a lo que ganará ahora).  Este es solo un ejemplo, pues lo mismo con todos los grupos de todos los medios, cuyos verdaderos propietarios o accionistas poco y nada tienen que ver con la comunicación. ¿Cómo te van a informar si sus principales accionistas son empresas o bancos? Qué lucrativa que es la información eh…

Pero bueno, que me salgo del tema, que yo venía aquí hoy a hablar mal de la publicidad. Herramienta a veces necesaria, pero en su mayoría un taladra-cerebros total. Un publicista te dirá “ninguna compra es racional”. Obviamente eso es lo que interesa a las empresas, que compres y no pienses, no vaya a ser que empieces a leer los ingredientes y entender qué son y de dónde salen. No vaya a ser que descubras que hay sistemas de tecnología libres y gratuitos, no apoyadas por multinacionales controladoras. Tú pilla lo que veas por la tele y punto.

En definitiva, el objetivo final de la gran publicidad es hacerte un zombie, no pienses, solo fíjate lo feliz que se ve la gente bebiendo coca-cola, aunque esté anunciada dentro de un hospital y en uno de los países con mayor obesidad infantil. Es que esa es la magia de la publicidad y las grandes empresas, que son solo negocios, nada personal…

Animaladas

Captura de pantalla 2015-03-05 a la(s) 17.57.48 Este es un post algo distinto, en el que solo quiero presentar el trabajo realizado por La Ruina y Jaime Alekos. Un proyecto llamado Animaladas, donde se denuncia los malos tratos a los animales, con letras de La Ruina e imágenes del video-reportero.

Tal y como la cantante promulga estos nos son video clips para enseñar a quienes ya están concienciados, sino a quienes disfrutan de ciertos espectáculos. Y es que esta gente no necesariamente son sádicos o crueles, sino que muchos no llegan a darse cuenta de lo que está sucediendo, mientras se lo enmascaran con música o colores brillantes.

Cualquier persona que haya tenido trato con alguno de esos animales ha podido ver su inteligencia y sensibilidad. Tienen razociocinio y sentimientos, tienen recuerdos y amor que dar, igual que nosotros. Ellos no son los salvajes.

Basta ya de tratarles como si no fueran más que objetos o marionetas, basta ya de la violencia, basta ya del dolor y la ignorancia. Que el sufrimiento si ha de ser se quede solo entre las propias disputas de su rebaño, de su sociedad, no por una mano opresora, no por una espada en mano. Y lo mismo se aplica para los animales enjaulados, no solo del circo, sino para la industria cárnica. Que es también algo que parecía preocupar a la cantante, pero imagino que por la dificultad de acceder a grabar a ciertos sitios no ha sido posible otro videoclip así. Pero por ahora a ver si al menos se termina con las atrocidades más salvajes, con las animaladas más desgarradoras como las que nos enseñan aquí. No es un video apto para sensibles…

Ojalá este proyecto llegue a los ojos de quien necesita verlo.

Di no al aceite de palma

El aceite de palma es el aceite que más se consume en el mundo, debido a su alto rendimiento, usándose en alimentos procesados, cosméticos y productos higiniene y limpieza. Está tan extendido que sin saberlo estás ingiriendo más de 10 kilos de este aceite al año. En cuanto a salud no es especialmente beneficioso ni nocivo, mientras que se dice a su favor que el de girasol o soja sí son algo desfavorables… pero por todo lo que se dirá a continuación preferiría consumir mil veces más el aceite de girasol u oliva que sí es beneficioso. Pues el problema del aceite de palma no es su uso en sí, sino la destrucción de bosques y hábitats, lo que perjudica tanto a animales como a personas, similar a lo que sucede con la soja tal y como ya tratamos.

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Las plantaciones de este tipo de palmeras son las principales responsables de la deforestaciones de zonas tropicales de África, Sudamérica y del Sudeste Asiático, especialmente en Indonesia, Borneo y Malasia. En esas zonas y por culpa de esta situación se encuentran en grave peligro de extinción el orangután de Sumatra y el de Borneo. Pueden ver este breve video que explica claramente y rápido su situación:

Ahora, lógicamente, Indonesia, quien ostenta más de 6 millones de hectáreas de estas plantaciones, propone triplicar los subsidios al biodiésel, que irá cogiendo más fuerza dadas las campañas contra la gasolina para plantarnos algo peor. Lo mismo que con la soja.

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Estos cultivos son también las promotoras de violaciones a los derechos humanos, pues muchas de sus compañías explotadoras usan a la fuerza a la población indígena en ese trabajo, además de trabajo infantil, llegando a la esclavitud moderna. En países como Liberia o Colombia se ha relacionado también esta actividad con la expropiación de tierras a campesinos pobres.

Ahora, ¿qué podemos hacer? Es fácil, no comprar los productos que tengan aceite de palma, no apoyar ese mercado, pues cada vez se incrementa más su demanda en toda la Unión Europea. Diría que a causa del desconocimiento de todo este asunto, pues además, hasta finales del año pasado en la UE, los fabricantes no estaban obligados a especificar que el aceite era de palma, y por supuesto no lo especificaban.

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¿Y qué productos tienen aceite de palma y como distinguirlo?

Hay una lista muy larga de productos que lo llevan como margarinas, helados, sopas, salsas, galletas y en la pastelería; además de en champús, maquillaje, pasta de dientes, jabones, detergentes y en agentes de limpieza. Para esto recomiendo: siempre LEER LAS ETIQUETAS. Leer de todo lo que compramos, tanto como para cuidar nuestra salud como la del resto. No os llevará mucho tiempo, pues una vez sabemos qué cosas hay que evitar las encontramos fácilmente.

En este caso obviamente habrá que evitar lo que contenga “aceites” o “aceite vegetal” sin especificar y por supuesto el aceita de palma o palm oil, aparece por ejemplo así en las patatas Lays y Ruffles (en otras patatas de compañías más pequeñas no es así), en productos de limpieza o higiene no aparecerá especificado de forma tan clara, sino con derivados de la palabra “Palm” como palmitate, palm kerel, palmitoyl o Sodium palm kernelate.

Además, para hacer la búsqueda más fácil, algunas de las grandes corporaciones que utilizan este aceite o derivados son: Unilever, Procter and Gamble (P&G), Kraft, Cadbury, Campbell, Soup Company, Chanel, Elizabeth Arden, Kellogg’s, L’oreal, Pepsico, Odwalla, Nabisco, Bath and body works, Dreyer’s grande ice cream, General Mills, Pepperidge Farm o The Dial Corporation.

Otros grupos también intimamente relacionados con el aceite de palma y suministradores, como Sinar Mas (que ostenta el 10% de la producción mundial de este aceite) son Carrefour, Matutano, Lay’s, Nutella y Ferrero.

Para más información sobre los diversos nombres que pueden adoptar los derivados de este aceite y cómo aparecen en los productos higiénicos y cosméticos principalmente, recomiendo visitar este enlace.

¿Qué mierda de sociedad hemos creado? “en la estación había numerosos policías que se dedicaban a separar los jóvenes de origen árabe, latín o raza negra de los blancos”

Increíble lo que está pasando…

La mentira del sistema

racismo

Hoy, con la serenidad que aporta el paso de las horas os voy a explicar lo que pasó ayer con Elián, mi hijo de 15 años. Es negro. En un año, la policía ha detenido a mi hijo a 6 veces para pedirle la identificación y, en dos ocasiones ya, le han increpado preguntando dónde había “robado” la primera vez, la bici que llevaba y, ayer, su móvil. Bueno os cuento.

Ayer por la tarde, mi hijo fue a pasar la tarde con sus amigos en Tarragona ciudad. Tomaron el tren y cuando llegaron a la capital, en la estación había numerosos policías que se dedicaban a separar los jóvenes de origen árabe, latín o raza negra de los blancos, sin dar explicaciones y de muy mala manera. Así que a él le tocó. Se les llevaban a la plaza que hay delante de la salida de la estación y…

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Cómo la soja transgénica perjudica al mundo

fumigando-soja-transgenicaLa soja es un producto que últimamente ha ido ganando ”popularidad” por así decirlo, sobre todo en las dietas vegetarianas. Sin embargo, hay numerosas razones por las cuáles NO consumirlo, ninguno de sus derivados. Para ello primero tendremos que entender de dónde viene la mayor parte de la soja, si no se indica lo contrario, ya que si compras soja de cultivo ecológico te puedes saltar todo este post, solo afecta a la soja transgénica (más del 80% en todo el mundo).

¿De dónde viene la soja o subproductos que puedes encontrar en cualquier supermercado?

La mayor parte de la soja exportada proviene de Brasil, más concretamente del Amazonas, el segundo mayor productor de soja del mundo y el mayor exportador. Casi todas las plantaciones de soja que allí se producen son transgénicas (el 88,8%), semillas de Monsanto, con pesticidas o agroquímicos de Bayer, y cultivadas por las potentes multinacionales Archer Daniels Midland (AMD), Bunge, Dreyfus y Cargill. Así, el primer problema que nos encontramos es la cantidad de territorio usado con este fin. Empezando a ver años anteriores, entre 2002 y 2006 fueron destruidos 70.000 kilómetros cuadrados del bosque amazónico y en el siguiente cuadro, de Mariana Soares Domingues podemos ver la evolución de producción y área, en miles de hectáreas, destinada a este cultivo desde 1990 hasta 2009:

02q01Podemos ver como desde el 2006 el área destinada disminuye, debido a una reforma de ley, hasta 2013 que tenemos unos datos oficiales, no sabemos si muy fiables de que había 18.400 hectáreas. Así, sí ha disminuido el área de soja, aunque muy escasamente, y sin arreglar los problemas que conlleva la dinámica de estos cultivos: se realizan en áreas ya deforestadas, más fáciles de cultivar, de modo que el ganado se desplaza a zonas menos caras, la selva. Por no hablar de los pesticidas altamente nocivos para el medio ambiente que se usan en los transgénicos, que apenas son biodegradables, por lo que se trata de un círculo vicioso de dañar y dañar los suelos. Esta deforestación no sucede solo en Brasil, sino también en otros tantos países de América Latina con el mismo tipo de cultivo, como Paraguay.

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